Tempus Fugit ¿Cuanto debe durar un discurso?

Decía el maestro Salvador Dalí que; “El tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan”, no podría estar más conforme con este genio al que el destino le concedió la razón.
El tiempo en el discurso suele ser motivo de debate y discusión, siempre aparecen las mismas preguntas: ¿Cuánto tiempo tiene que durar un discurso como máximo? ¿Y cómo mínimo? ¿Qué hago para poder estar hablando 15 minutos y no repetirme? ¿Mi público se aburre si hablo más de 5 minutos?


El primer principio que hay que seguir para responder automáticamente a estas preguntas es ese dicho popular que tantas veces hemos escuchado; “El tiempo es oro”. Lo es tanto para nosotros como para todas y cada una de las personas que han decidido venir a escucharnos. Hay que valorar por encima de todo el tiempo que las personas nos brindan gratuitamente, sin esperar nada a cambio. ¿Cómo se lo podemos agradecer? Pensando en ellos a la hora de escribir y pronunciar nuestro discurso. Cuando estéis delante de vuestro ordenador escribiéndolo, haceros esta pregunta: ¿Por qué me tienen que escuchar? .Si creas la base de tu discurso sobre este principio tu audiencia te recompensará poniendo toda su atención en tus palabras. Creedme, hay pocas sensaciones como la de sentirte escuchado por un auditorio repleto de personas.

 

Siguiendo con las típicas preguntas sobre la duración de los discursos. Un discurso debe durar el tiempo necesario para poder contar a las personas aquello que quieres. Sí, lo sé, suena muy básico, pero no por ello debe ser ignorado. Teniendo en cuenta este pilar fundamental se podrían marcar unos mínimos y máximos que, según bajo mi criterio profesional basado en la experiencia, rondarían los 7 y los 18 minutos respectivamente. Menos de 7 minutos no es viable ya que no tendríamos tiempo suficiente como para poder exponer con claridad nuestras ideas y más de 18 minutos, por muy amenos que seamos y por mucho que hayamos trabajado el discurso, suele resultar pesado para la audiencia.

 

Por último, a todos nos ha pasado alguna vez enfrentarnos a esa situación de tener que “llenar” de contenido un espacio de tiempo, ya sean 5, 10 o 15 minutos, y sentirnos bloqueados, en blanco, sin nada que aportar para cumplir con el cronómetro. Ante todo, tranquilidad, el estrés nos impide pensar a largo plazo. Pensad en esas ocasiones en las que el tiempo ha “volado” ya sea viendo una película, leyendo un libro o hablando con amigos. Dejad que las palabras fluyan, escribid sin miedo, ya habrá tiempo de recortar, pensad en el público y os puedo asegurar que acabaréis pidiendo un minuto más.

 

Siempre me ha fascinado observar lo caprichoso que puede llegar a ser el tiempo. En algunos momentos avanza tan despacio que parece que se vaya a detener, en cambio en otros, da la sensación de que le han dado alas y vuela para “robarnos” segundos de un momento que nos gustaría que durase eternamente.
“¿Amas la vida? No desperdicies el tiempo porque es la sustancia de que está hecha” Benjamin Franklin

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Alberto Higueras

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